Lo más importante es estar tranquilo

“El propósito de la vida no es ser feliz… es estar tranquilo”

Estas fueron las palabras que me compartió un día un viejo curandero en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, el país donde vivo.

Esto coincide con la famosa invitación de Ramana Maharshi, el sabio indio de la colina sagrada de Arunachala: summa iru, « permanece tranquilo” en tamil. 

Pero, ¿cómo podemos estar en paz en este mundo cambiante y ansioso?

Bueno, tienes que arreglártelas para no pensar. La intranquilidad proviene de los pensamientos. Hay que cultivar espacios, por pequeños que sean, de no pensar.

No se trata de “observar los pensamientos”, como dicen muchas corrientes hoy en día, como el mindfulness. No, se trata de no comprometerse con ningún pensamiento.

Estar en el espacio. Vacío y lleno, sin pensar.

Atención a la respiración

La respiración es un buen punto de partida. Sólo respira.

Relájate en la respiración que recorre el cuerpo. Ríndete a la respiración. En particular, relájate en los momentos de pausa en la respiración, después de la inhalación y después de la exhalación.

Podemos observar y sentir cómo la mente se calma en el silencio, en estos dos momentos de pausa, momentos de precioso equilibrio.

Levantar la mirada

Y aquí es necesario levantar la mirada. No quedarse en uno mismo, en una pequeña observación que es sólo personal. Es necesario elevar la mirada hacia algo más grande. Llamémoslo Dios, o si la palabra te molesta, el Cosmos, el Infinito, el Misterio del Mundo, la Fuente… como quieras.

 Y sentir amor por este Infinito que está totalmente más allá de nosotros.

 De ahí puede surgir un doble sentimiento de humildad y reverencia. Estos sentimientos ayudan mucho a “estar tranquilo”.

Gratitud

Para forzar un poco este sentimiento, si no aparece fácilmente, es bueno cultivar la gratitud. Con cada respiración, escucha un “gracias” desde tu interior. Un agradecimiento gratuito, que no espera nada, no pide nada. Sólo: “gracias”.

 Si la mente aparece alegando todas sus buenas razones para no dar las gracias (problemas, dificultades, sufrimiento personal, etc.), pues más razón para dar las gracias.

 ¿Gracias por qué? Pues bien, gracias porque todos estos problemas son oportunidades que se me dan para volver a la tranquilidad, para darme cuenta de que estoy manteniendo estos problemas con mis pensamientos y que al hacerlo me estoy alejando cada vez más de la presencia tranquila.

 Los problemas que la mente repite en mi cabeza son señales de alarma, campanas que nos dicen, en el fondo: “despierta”, “calla”, “respira hondo”, “levanta la mirada al misterio de la Existencia y da gracias”.

Y sobre todo: “saborea el momento presente”.

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