La práctica física y somática que ofrecemos a los participantes de los retiros es mucho más que gimnasia. Es el fruto de más de 20 años de estudio y exploración en yoga, artes corporales, meditación y chamanismo.
Es una síntesis que abraza la tradición del yoga de Cachemira, ciertos principios del teatro gestual y de la capoeira angola, así como el trabajo vibratorio de las plantas.
El objetivo es siempre el mismo: liberar las tensiones, disolver las armaduras corporales y recuperar nuestra energía vital.
I. El Yoga de Cachemira
Nacida de la tradición shivaíta, esta práctica es una exploración de lo sensible. A diferencia del yoga del rendimiento, aquí todo es lentitud, potencia y escucha.
- Un yoga osteopático: mediante movimientos lentos y conscientes, abrimos espacio en las fascias, las articulaciones y los órganos internos.
- Un yoga vibratorio: al utilizar la vibración neuromuscular y los temblores espontáneos, permitimos que el sistema nervioso se descargue de sus memorias traumáticas, provocando una catarsis suave y profunda.
- El silencio del espacio: la atención continua a la respiración genera una calma que no proviene de la voluntad, sino de una conexión orgánica con la sensación. Es un retorno a la unidad en el silencio de la mente.
II. El trabajo del centro
El núcleo del trabajo se sitúa en el tronco (core o centro), centro de gravité y sede del diafragma. Para dinamizar este centro, utilizamos el fortalecimiento abdominal y el trabajo en espirales, priorizando la apnea en vacío (después de la expiración).
Ejemplos:
- Espirales del torso: sentados o con los brazos hacia el cielo, masajeamos el diafragma mediante círculos fluidos. Estos kriyas fundamentales liberan las angustias alojadas en el plexo solar.
- La danza de la pelvis: acostados, la pelvis dibuja olas y la columna se convierte en una serpiente sinuosa. Este movimiento libera el sacro e irriga la médula espinal, haciendo que la energía ascienda a lo largo del eje vertical.
III. La energía de la oposición
Inspirándonos en el mimo Decroux y en el teatro balinés (Topeng), utilizamos las oposiciones artificiales. Al crear resistencias voluntarias en el cuerpo, forzamos a la energía a concentrarse en lugar de dispersarse.
- El desequilibrio buscado: trabajar con las diagonales y las tensiones contrarias permite “despertar” los tejidos profundos.
- El arte de caminar: todo empieza en los pies. Al tomar conciencia de cada apoyo y de la cadena de las articulaciones, transformamos el caminar en una danza de la energía. La resistencia crea espacio; la contracción invita a la liberación.
IV. Arraigo y animalidad
Por último, integramos los principios de la capoeira angola por su movilidad instintiva y su flexibilidad dinámica. Aquí no hay confrontación, sino una reapropiación del movimiento primordial:
- La animalidad del movimiento: al flexionar las rodillas y bajar el centro de gravedad, recuperamos una estabilidad telúrica y fortalecemos las articulaciones y la cadena de apoyos en el suelo.
- Circularidad y flexibilidad: utilizar las curvas para dar al cuerpo una resiliencia orgánica, capaz de moverse en el espacio con la agilidad de un felino.
- Espíritu infantil: transformar la práctica en una exploración gozosa, donde la salud se convierte en el fruto de un juego sagrado con la gravedad y el equilibrio.
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